
Por: Axel Petlacalco
En otro juego memorable, Barcelona completó la remontada ante el Sevilla. Con marcador de 3-0, los culés dieron vuelta a una eliminatoria que parecía decantada para el cuadro andaluz y se instalaron en una nueva final de Copa del Rey.
Desde un inicio, los catalanes salieron en busca del arco rival y pronto encontraron premio. Al minuto 12, Ousmane Dembélé sacó un zapatazo con su pierna “menos hábil” y lo colgó del ángulo superior, dejando petrificado al guardameta sevillano. El gol fue un auténtico balde de agua fría para los visitantes y la chispa que necesitaban los locales para buscar la remontada.
El asedio del cuadro blaugrana fue en aumento, obligando al rival a replegarse muy pronto en su propia área. Para el 30´el Barcelona orquestó una gran serie de toques que culminó con una definición de Messi desviada por Tomas Vaclík y rechazada en la línea de gol por Marcos Acuña
Los de Julen Lopetegui soportaron los embistes del rival y llegaron al medio tiempo con un gol de ventaja en el marcador global. En la reanudación, Barcelona continuó en su búsqueda de al menos un tanto más que forzara los tiempos extra. Para el 68´ el travesaño arruinó lo que hubiera sido un auténtico golazo de Jordi Alba, quien prendió de volea un servicio desde costado derecho, pero el esférico se estrelló en el horizontal para desconsuelo del lateral blaugrana.
Tres minutos después llegaba una de las jugadas claves del encuentro. Oscar Mingueza derribó en el área a Lucas Ocampos en una jugada que para no variar, tomaron mal parados a los defensores catalanes. El silbante otorgó el penalti y el propio Ocampos tuvo en sus botines convertir la anotación que prácticamente liquidaba la eliminatoria, pero su cobro no llevó mucha potencia y Ter Stegen se vistió de héroe al quedarse con el balón.
Esa atajada devolvió la vida al cuadro culé que ya comenzaba a despedirse del certamen copero y en la recta final se fue con todo en busca de la remontada. Sevilla, no dejaba de lamentarse esa acción y defendió con uñas y dientes. Ya en el último suspiro, cuando parecía que los de Andalucía soportaban el resultado, uno de los hombres más criticados por los fans culés aparecía para marcar de cabeza el tanto que enviaba la eliminatoria a tiempos extra y derrumbaba casi por completo al cuadro andaluz. Gerard Piqué, en el enésimo centro al área mandó a guardar el balón y mantenía la esperanza de su equipo de alcanzar una nueva final.
Con ese envión anímico, al arranque de la prórroga, Martín Braithwaite completó la voltereta tras una gran asistencia de Jordi Alba, conectando de palomita su remate para vencer dramáticamente a Vaclík.
El juego no estuvo exento de polémicas y Sevilla reclamó fuertemente una mano de Clement Lenglet, pero desde el VAR, advirtieron que primero se hizo contacto con el pecho, devolviendo el oxígeno a Ronald Koeman y compañía.
Ya con nada que perder y con lo que quedaba de gasolina en el tanque, los de Julen Lopetegui intentaron marcar el gol que les devolviera el boleto a la final, pero Barcelona, supo con apuros mantener la ventaja y superar la eliminatoria.
