Por: Andrés Arreola // Imagen: Cuartoscuro

El pasado sábado 05 de marzo se escribió uno de los capítulos más oscuros y lamentables en la historia del futbol mexicano: ‘Aficionados’ de Gallos y Atlas se enfrascaron en una trágica batalla campal que se extendió a canchas, tribunas y exterior del Estadio La Corregidora, dejando 22 heridos (2 de gravedad). Pero no fue la primera vez. A continuación, te presentamos el contexto y antecedentes que provocan que este duelo sea etiquetado ‘de alto riesgo’.

Son 15 los años que acumula esta oscura rivalidad entre ambos equipos y es mayor fuera de la cancha que dentro de ella. En más de una ocasión, la violencia ha sido protagonista cuando estas escuadras se enfrentan, más allá del estadio que albergue el partido. Al no ser equipos históricamente ganadores, protagonistas o exitosos, sino todo lo contrario, la rivalidad deportiva es mínima a pesar de que sus seguidores la lleven al extremo.

Todo comenzó en el ya lejano Clausura 2007, cuando Gallos necesitaba un resultado positivo en el Estadio Jalisco para mantener la categoría. Afición queretana en masa hizo el viaje a Guadalajara, incluyendo a la ‘Resistencia Albiazul’ (barra de Gallos), quienes fueron recibidos con violencia al exterior del estadio. Al concluir el encuentro con marcador de 2-0 en favor de los rojinegros, Querétaro volvería a Primera A y con el ambiente tenso, nuevamente chocaron ambas aficiones al abandonar el recinto.

Posteriormente, el mismo descenso de Gallos detonaría burlas y supuesta responsabilidad del Atlas, presumida por su misma afición. Incluso un cántico de La Fiel y la Barra 51 le recordaba a Gallos «Por mí no estás en Primera», provocando molestia en seguidores rivales.

Tres años después, en el Torneo Bicentenario 2010, el turno de visitar fue para Atlas. Otra ocasión en la que violencia descontrolada se apoderó de La Corregidora cuando integrantes de la Barra 51 (Atlas) comenzaron a agredir policías, lo que desencadenó que la Resistencia Albiazul recorriera todo el estadio hasta la cabecera contraria y chocara también con atlistas. El final no fue tan distinto al reciente: hubo imágenes lamentables, invasión de cancha, detenidos, heridos y un llamado de atención a los involucrados para que no se repitiera más.

Desde entonces, se normalizó etiquetar este encuentro como uno de alto riesgo, redoblando esfuerzos, protocolos y operativos para evitar confrontaciones entre ambas aficiones. Casos aislados se vivieron sin pasar de ‘avisos de veto’. Generalmente las peleas se quedaban entre afición y elementos de seguridad; logrando de cierto modo el objetivo, sin atender el verdadero problema de raíz.

Tan desproporcionados eran los castigos y las acciones tomadas para este encuentro torneo tras torneo que, en 2013, todo se repitió al estar involucrados ambos equipos en la lucha por evitar el descenso. O en 2018, cuando en La Corregidora el cuerpo de seguridad soltó perros en contra de los aficionados rojinegros.

Con suficientes antecedentes claros y con una rivalidad violenta entre estas dos aficiones, más allá de una justificación por su historia y presente deportivo, la liga y autoridades omitieron protocolos que derivaron en uno de los peores sucesos en la historia del futbol mexicano y ahora, hay que esperar al martes 08 de marzo para conocer las verdaderas sanciones que aplicarán a los responsables y qué medidas se tomarán para erradicar de lleno todo tipo de violencia en el futbol y el deporte en general.