La tercera jornada de la UEFA Champions League nos regala un duelazo entre el Atlético de Madrid del Cholo Simeone contra el Liverpool de Jürgen Klopp, en el Wanda Metropolitano donde los ingleses buscaban asegurar la punta del grupo B mientras que los colchoneros por su parte querían arrebatarle la primera plaza del sector a los reds, por ende las emociones en el encuentro estaban aseguradas.

El primer disparo casi se enreda con el silbido inicial del árbitro. Siete minutos sólo habían pasado cuando Salah corrió tras esa pelota para ponerle su nombre. La amarró e inició su camino hacia la portería como si la apuntara con un revolver recién cargado. Se desprendió de Carrasco, fácil. Sentó a Lemar, también. Pasó ante Griezmann como viento huracanado.

Cuando asomaba por detrás João Félix para arrebatarle la pelota, alzó la cabeza y miró a Oblak con la bota derecha en el gatillo. Su disparo al centro, lo tocó lo justo Milner para hacérselo imposible a Oblak. 0-1. El dominio del Liverpool ya estaba en el marcador. Saltaron al Metropolitano con rabia, revancha, cauterizar una herida, aquella larga y terrible resaca. Llovieron desde el primer instante como plaga bíblica. Llenando todo de picotazos, golpes, ataques red.

Atl. de Madrid vs Liverpool. Imagen de Comercio de Perú.

La apuesta del Cholo desbaratada nada más comenzar. Porque inició el partido con Griezmann pareja de João Félix. Sin Suárez, sin Correa, sin Llorente, sin Giménez. Y un drama en la defensa. Kondogbia, tercer central, tapaba lo que podía, pero no podía todo. A su lado Felipe se ha convertido en un agujero que deja pasar todas las balas. Porque no se había repuesto el equipo rojiblanco de la herida de Salah cuando le tocaba curar otro golpe. Keita agujereaba de nuevo la portería de Oblak con una volea, cinco minutos después. Felipe en la foto. Su mal despeje en el área se había convertido en asistencia.

Pero el Atleti es un equipo al que nunca conviene dar por muerto. El gesto tembloroso con el que se había presentado se iría en el minuto 20. Otro partido comenzó. Acabó la tragedia, comenzó el tiempo de la heroica. Otro tridente se precipitaría sobre los hombres de Klopp: el formado por Lemar, João Félix y Griezmann, escudado por unos Koke, Carrasco y De Paul inmensos. La remontada comenzó en la pizarra, en una jugada ensayada. Córner en corto, Lemar que gana la línea de fondo, zapatazo de Koke desde la frontal y, entre un bosque de hombres, un último destello: el botín de Grizi, con esa capacidad única de iluminar los partidos oscuros. Bien sabía Simeone. Por eso volvió. Su gol pasó por el VAR antes de subir al marcador. No estaba en fuera de juego. Pudo escuchar a ese Metropolitano que hace un mes le pitaba, sólo aplaudir.

El Liverpool no se levantó de la lona. Desaparecieron Mané y Salah, Firmino fue sólo un disparo por alto. Naufragó Henderson, deambuló humillado Van Dijk, superado Arnold entre tanto físico y talento. El que Lemar y João Félix derraman sobre la hierba cuando se encuentran, se gustan y juegan. Indetectable el primero, brillante el segundo. Él cocinó el segundo del Atleti. Bailó a Keita y, cuando le llovían tres rivales, le filtró la pelota a Griezmann. El francés la recogió con un preciso control orientado y disparó. Gol. Si el Liverpool no se fue al descanso con un costurón más grande fue por Alisson, que desbarató un mano a mano a Griezmann y la ocasión de Lemar con la que llegó el reposo. Klopp se iría a la caseta masticando cholismo.

Gol de Griezmann vs Liverpool. Imagen de RPP.

Regresó el partido con dos cambios, Simeone apuntalando su defensa (Giménez), Klopp su centro del campo (Fabinho), y llamadas en ambas porterías. Paradón de Oblak a Van Dijk, paradón de Alisson a Carrasco. Lo que pudo haber sido esta segunda parte once contra once nunca se sabrá porque en el 50′ otro giro cambió todo: Grizi lanzado al infierno. Saltó con los tacos en la cara de Firmino. Roja. El Atlético con diez, el partido roto. Y Klopp mirando la oportunidad con saliva en cada pelota mientras Simeone pedía más voz al estadio con sus brazos en molinillo. Pero al partido aún le quedaba un giro o dos.

Si enfriaba el Atleti el partido, sabiendo sufrir, un error se lo truncó. Fue Hermoso, que cometió un penalti absurdo, de los que no dejan dormir, sobre Jota. Salah lo marcó. Minuto 77 y el partido en el principio, el Liverpool por delante, tanto desgaste, sudor y heroica después. Simeone sacó todos sus planes a la vez. Suárez, Correa, Llorente, Lodi. Casi a la vez que Giménez se dejaba caer en el área y el árbitro pitaba penalti. Pero llamó el VAR, pasó por la pantalla y rectificó. Los últimos minutos fueron un derroche. De coraje y corazón. De Correa, ese futbolista esculpido a golpes, frente a Alisson buscando el triple mortal. Hubiera sido el final perfecto para un Metropolitano abrazado al desfibrilador. Pero ese último giro  nunca llegó.

Con información de Patricia Cazón de Diario AS.