
Por: Andrés Arreola // Fotografía: DEPOR
El pasado fin de semana ocurrió lo que jamás debería ocurrir: Jugadores del Marsella se enfrentaron a una invasión de cancha de la afición rival en el Estadio Allianz Rivera, en la que hubo golpes entre futbolistas y aficionados, además de ver a un Sampaoli descontrolado ante la situación, fuera de sí; algo que jamás debería repetirse en ninguna cancha.
Los jugadores del club visitante se enfrascaron en una batalla campal contra los aficionados y algunos futbolistas de Niza, club local, derivando en imágenes que ya le han dado la vuelta al mundo.
Todo el conflicto se desató a raíz de un tiro de esquina a favor de la visita. El delantero Dimitri Payet se disponía a cobrar, pero espectadores cercanos a su ubicación le lanzaron botellas y otros objetos, provocando molestia en el jugador y una reacción poco esperada: el jugador tomó alguna de las botellas y la regresó con enojo a la tribuna.
Tal acción provocó que aficionados de Niza bajaran a la cancha mientras jugadores de ambos equipos intentaban calmarse, pero todo se salió de control y de un momento a otro, los aficionados en masa repartían golpes e insultos sobre el terreno de juego. El grupo de seguridad se vio superado en número y fracasó en su intento de regresar o mantener el orden.
Entre las personas sin control, se encontraba Sampaoli, quien tuvo que ser sacado de la cancha por compañeros de equipo ante su enojo. Era tanto su coraje, que el técnico de Marsella jalaba, empujaba y le gritaba a todo aquel que se le pusiera enfrente.
Tras presenciar imágenes lamentables en plena pandemia, el partido se reanudó al minuto 75 (momento de la invasión) pero Marsella decidió no regresar a la cancha a pesar de existir las condiciones para seguir jugando.
