Era 2017 cuando el Milán, en horas muy bajas, padecía una de las disputas internas más álgidas de sus últimos años. Gianluigi Donnarumma, de entonces 18 años, finalizaba su contrato en pocos días y la directiva, en ese momento encabezada por Fassone y Mirabelli y soñando que el arquero italiano se convertiría en la próxima leyenda del cuadro rossonero, cedían a sus pretensiones -sumamente altas considerando las finanzas del club y su corta trayectoria- de 6 millones de euros por temporada, la contratación -sin sentido alguno- de su hermano Antonio con un salario de un millón anual y obviamente la garantía de que sería considerado pieza crucial del proyecto de equipo.

Han pasado desde ese momento prácticamente 4 años. ¿Qué ha sucedido desde entonces? Nada más que la consolidación y la confirmación del gran futuro que tiene por delante «Gigio», al menos por la parte deportiva y en cuanto a su talento. De salidas seguras y contundentes -aprovechando su 1.96 metros de estatura-, de atajadas acrobáticas y muchas veces imposibles y pese a ser un poco torpe con los pies, tampoco se trata de un portero que ponga a temblar a su propia defensa cada vez que juegan con él.

El surgido del Milán Primavera ha tenido momentos de sintonía con la afición rossonera que a muchos hicieron olvidar ese amargo episodio del verano de 2017. Atajadas monumentales, conexión con la Curva Sud o los diferentes grupos de animación del equipo y actuaciones que han dado puntos y, ahora, su contribución directa y fundamental para la clasificación a Champions después de 8 años.

No cabe duda que Donnarumma está destinado a la grandeza, pero no será con el Milán y esperemos que sí se pueda dar con otro equipo. Incluso si es la Juventus, equipo cuya afición fue la que presenció aquella famoso fotografía que rondará todos los diarios italianos una vez se decida dónde jugará la próxima temporada, más aún si se trata del mismo equipo que mencionamos.

Muchos piensan que la negativa a los 8 millones de euros anuales que le ofrecía el Milán se debe a Mino Raiola, su agente. Conocido en el medio como uno de los más complicados personajes para negociar y cuyas últimas operaciones magnas le han dejado una ganancia de más de 50 millones de euros (la llegada de Paul Pogba al Manchester United y la de Erling Braut Haaland al Borussia Dortmund), el agente neerlandés de origen italiano pretendía, además de lograr un salario de 12 millones anuales para su representado, obtener una comisión por renovación de 20 millones de euros. Si es cierto, la ambición de este tipo no tiene límites. Aplauso para Paolo Maldini.

Donnarumma será grande y probablemente en pocos años sea el mejor portero del mundo, hay una alta probabilidad de que esto suceda, pero con el Milán, de quedarse, pudo haberse consolidado como una leyenda absoluta del club. Formado en casa y con un talento que se encuentra en pocos porteros, su camino parecía destinado a asemejarse al de Paolo Maldini, quien precisamente fue quien decidió dejarlo ir tras sus negativas y el de Franco Baresi.

Ahora se rumorea que, viéndose sorprendidos por la decisión del Milán de fichar a otro gran portero y además no subir sus ofertas, el portero y su representante deberán negociar a la baja, siendo la Juventus y el Barcelona los más interesados en acometer su fichaje. Eso sí, la Vecchia Signora parece estar dispuesta solamente a ofrecerle 6 millones anuales y con la condición de que antes logren darle salida a Wojciech Szczęsny, con quien se dice Massimiliano Allegri cuenta para la temporada entrante.

Esperemos, por el bien del futbol como dicen los románticos inocentes, que se dé su fichaje por un equipo importante, pero todo parece apuntar que esto será más difícil de lo que pensaba el joven guardameta italiano.