Habrá varios nombres que se mencionarán al final de la temporada del Milán como figuras importantes, ya sea por hacer un bien o un mal, al acontecer del cuadro milanista. Uno de ellos será Ibrahimovic, que como todo buen gran jugador, tiene también momentos bajos. Hoy quizá se recuerde como un día bajo para el sueco por su cuestionable expulsión. Se pondrá en la mesa los nombres de Donnarumma, Kjaer, Romagnoli, Kessié, Calhanoglu y quizá otros jugadores, pero también el de un personaje que quizá haya condicionado la estancia del equipo en una de las tres competiciones que disputó, el árbitro romano Paolo Valeri.
De cuestionable actuación en el partido de ida en el Milán vs Torino por un posible penalti no pitado y una expulsión a Gianluigi Donnarumma en la banca, y de un todavía más polémico partido el día de hoy. Este personaje ha condicionado, no a favor quizá del Milán si se hace una balanza, pero sí el encuentro, que pudo haber tomado un rumbo distinto.
El partido comenzó con un ritmo alto por parte de ambos equipos, con un despliegue físico brutal y con una alineación que invitaba a no ser un derbi cualquiera, sino uno quizá copero, pero que enfrentaba a dos de los mejores equipos italianos del momento.
Apenas transcurrían 20 minutos cuando se realizaba el primer cambio por lesión. Salía Simon Kjaer, auténtico líder de la zaga rossonera, y debutaba Fikayo Tomori, recién llegado del Chelsea por cesión. Sería al minuto 31 cuando, tras una serie de rebotes después de un córner ejecutado por los de Pioli, Meité cabecearía para Zlatan, quien definiría de manera soberbia frente a la endeble marca interista y un estupefacto Handanovic. Así terminaría el primer tiempo.
Para la segunda mitad, sería al minuto 58 cuando se presentaría la primera polémica arbitral. Falta táctica de Zlatan, que apenas y tocaba a Kolarov, que se encaminaba a una salida con balón controlado, que significa la segunda amarilla para el sueco, adiós a Zlatan. Quizá se justifica la amarilla por la interrupción de la acción, pero vamos, sabemos que nunca es el mismo criterio en acciones similares incluso en los mismos partidos. Primer cuestionamiento.
Obviamente esto condicionaría al cuadro de Stefano Pioli, quien tuvo que ajustar para no verse borrado en zona ofensiva, a pesar de todo, eso terminó sucediendo. Tras varios embates del cuadro de Antonio Conte, por conducto del siempre eléctrico e incisivo Nicolo Barellá, llegó una jugada donde este mismo cayó al suelo y se marcó pena máxima tras revisión el VAR. De igual forma, muy cuestionable, porque pese a existir contacto, el mediocampista italiano ya se encontraba cayendo «fauleado» cuando este se produjo. Empate tras un soberbio cobro de Romelu Lukaku.
De ahí en adelante todo fue para el Inter. Ataque tras ataque, construido o por contragolpes tras robos en mediocampo. Ciprian Tatarusanu, portero titular hoy con el cuadro rojinegro, se encargó de sostener a su cuadro por poco más de 20 minutos, siendo hasta el minuto 97 -se adicionaron 10 minutos- que Christian Eriksen, de muy pero muy modesta participación desde su llegada al Inter y de muy escasa en cuanto a minutos temporada, marcó un auténtico golazo, aprovechando una falta pitada cerca del área, también muy cuestionable, cometida sobre Lautaro Martínez.
Los que se deleitan con la Serie A y la Coppa Italia, e incluso la Supercopa, sabemos que en Italia, como en cualquier otro lugar, los errores arbitrales están a la orden del día, con VAR o sin VAR, una herramienta que ha llegado para ayudar y, quizá en la misma medida, generar más polémica. Parece ser que aquellos puristas tenían razón, el error arbitral es parte del juego. Fácil de entender cuando te beneficia, satanizado cuando te toca padecerlo. Ni hablar.
Lo bueno: Barellá y su importancia en el Inter, es el gestor de juego de Antonio Conte. Lukaku y su importancia en estos partidos, puede tener partidos modestos pero siempre aparece para condicionar de alguna forma.
Lo malo: el pésimo trabajo arbitral. Ya no diré a favor de quién ni contra quién. Sólo malísimo.
