En la pizarra, una diferencia abismal, pese a su reconocido mote de equipo exportador de grandes promesas al futbol europeo, con esto último me refiero al Celtic por supuesto. Y en las apuestas, en lo deportivo, en la tabla de posiciones del grupo, el Milán, pese a su reciente resurgimiento, es mucho más equipo que el Celtic.

Sin embargo, los primeros 20 minutos no reflejaron lo anteriormente dicho. Recién comenzado el partido, los escoceses mostraron un futbol de posesión, que pese a no generar las aproximaciones más peligrosas o con las mejores ideas, sí estaba nulificando la creación de juego rossonera, que no encontraba salida ni hilaba una posesión continua y segura. Fue la misma presión ejercida por el ataque del equipo de Neil Lennon la que generó el primer error y el primer gol. Donnarumma salió jugando con Rade Krunic, futbolista señalado por la afición rossonera como el único que no cumple con las demandas de talento para este nuevo proyecto, quien haciendo honor a su reputación actual cometió un grave error técnico y regaló el balón a Tom Rogic, quien fusiló el marco local. Pasaron 7 minutos con aproximaciones peligrosas de los visitantes hasta que, de nuevo en una mala salida, apareció Edouard para marcar un auténtico golazo de vaselina frente a Donnarumma.

Después del baldazo de agua fría que representó verse en una mediana desventaja frente a un equipo muy débil, el cuadro de Stefano Pioli comenzó a producir, a cuentagotas, el futbol desplegado que lo ha llevado al punto en el que todos lo vemos ahora. El primer gol fue una pincelada de Hakan Calhanoglu de tiro libre y dos minutos después, Samu Castillejo marcaba el empate. Así terminarían las cosas en el primer tiempo.

Cinco minutos después del inicio de la parte complementaria, el extremo noruego y MVP el día de hoy, Jens Peter Hauge, driblaba desde línea lateral a tres defensores y definía abierto a segundo poste. Qué pedazo de perla tiene el Milán en este joven jugador de 21 años.

Después de esta anotación, vendría el mejor momento del Celtic en el partido, aproximadamente 25 minutos. Pese a tener la posesión del esférico e hilar tenencias en tres cuartos de cancha, esto no se tradujo en una alta participación del portero italiano, quien tuvo una intervención sumamente importante solamente en el tiro libre cobrado por Ryan Christie.

Apostando por el contragolpe, que fue su propuesta durante la mayor parte del segundo tiempo, fue como cayó el cuarto y lapidario gol de Brahim Díaz, asistido por el mismo Hauge.

Lo destacable: el regreso de Pioli a los banquillos, la presencia de Kristoffer Ajer (central noruego del Celtic), el talento de Jeremie Frimpong y obviamente, el futuro prometedor de Jens Peter Hauge.

Lo ojete: la lesión de Simon Kjaer y la excesiva confianza con la que comenzó el Milán.