Imagen/ vía Los Angeles Times
Por Enrique Cano
Un jugador más que “especial”, rodeado de tantos conflictos, lujos, fiestas, mujeres y una vida excéntrica, que no todo comenzó como “color de rosas” para el seleccionado número 27 en el Draft de la NBA en 1986 y que con su estilo defensivo lo llevará a conseguir cinco anillos del mejor basquetbol del mundo; así es, Dennis Rodman.

El nativo de Trenton, New Jersey, tuvo un desequilibrio muy importante en su vida. Con el abandono de su padre a muy corta edad y sacado de su casa a los 18 años, Rodman fue inducido al mundo del básquetbol cuando se encontraba en las calles para aceptar una beca que le permitió desenvolverse en la Universidad Estatal del Sur de Oklahoma durante tres temporadas.
Su velocidad, su destreza, su entrega y su lucha en cada jugada, lo llevaron a “iluminar” los ojos de distintas franquicias de la NBA; de manera que Detroit Pistons terminaron por llenar el alma del intrépido Rodman en 1986 y con el dorsal “10” unirse a la camada de los famosos “Bad Boys” dirigidos por Chuck Daly.

Sin duda alguna, a pesar de su extravagancia dentro y fuera de la duela, su talento era innegable. Mejor reboteador de la temporada durante siete años consecutivos, mejor defensivo del año en 1991 y cinco anillos de NBA (2 con Pistons y 3 con Chicago Bulls), son solo algunos de los grandes destellos que el apodado “El Gusano” logró catapultar a lo largo de su carrera y siendo recordado como una verdadera estrella.
