Después de un considerable tiempo, tomando en cuenta lo claro que parecía y lo complicado que siempre es negociar con Mino Raiola, Zlatan por fin ha confirmado su permanencia en el Milán una temporada más.

Paso importante para la consolidación del proyecto, por lo menos a corto plazo, de Stefano Pioli, Paolo Maldini y el Grupo Elliott.

Llegado, por segunda vez, el mercado invernal pasado y tras una etapa que parecía la última en su carrera en la MLS, el delantero sueco ha cambiado por completo las cosas en San Siro.

Sé que es algo que ya todos sabemos, pero el liderazgo, carisma (extraño) y la innegable capacidad física y futbolística de Zlatan han dado un giro de 360 grados a la actualidad del Milán. Dicen que los proyectos exitosos en el futbol deben tener como centro a un futbolista, a partir de él confeccionar la plantilla y elegirlo como líder, aunque nunca dependiendo enteramente de él. El Barcelona lo hizo con Messi, el Madrid con Cristiano. Todos los equipos que aspiran a marcar época, y el Milán para renacer en Italia tendrá que hacerlo, necesitan un futbolista distinto. Zlatan es el suyo, a pesar de todo.

Con 38 años, con una carrera más que notable, pudiendo presumir que fue uno de los pocos futbolistas que en alguna época llegó a entrar en el debate de, si bien en cifras siempre se quedó por atrás, ostentar el título de jugador más determinante en sus equipos. Zlatan ha hecho historia en todo equipo en el que ha estado, y en el Milán parece que ha encontrado el lugar donde se siente cómodo. A final de cuentas, un jugador con su ego necesita sentirse arropado por la afición, por la directiva y por sus compañeros. Zlatan tiene en el equipo rossonero todo aquello para desarrollar de manera pacífica y «a lo Zlatan» el ocaso de su inolvidable carrera.

Datos que nadie pela: Zlatan ganará 7 millones de euros en este año de contrato. No habrá bonus como se había estado especulando. Portará el dorsal número 11, como en su primera etapa en el club.