Por: José Alejandro Matamoros Melgoza. Twitter: @josematamel. Instagram: jose_mm19

Un día como hoy en el 2011 México se llenó de orgullo. En nuestro país se vivió un Mundial y la Copa llegó para quedarse. Unos ‘niños héroes’, llenos de agallas y coraje vencieron a los mejores en su categoría para quedarse con el título.

Foto por: récord.com

Desde que se anunció que el Estadio Azteca albergaría la final de la Copa Mundial Sub-17 de la FIFA 2011, los apasionados hinchas locales y los aficionados neutrales esperaban que la selección anfitriona alcanzase el choque decisivo. Y el fabuloso equipo que dirigió Raúl Gutiérrez no solamente se abrió paso hasta la última ronda, sino que también derrotó por 2-0 a Uruguay en el mítico escenario para mantener su trayectoria inmaculada en el campeonato, con 7 victorias en 7 partidos. Casi 100.000 espectadores presenciaron cómo los cadetes de El Tri levantaban el trofeo, un nuevo récord de asistencia en el certamen mundialista sub-17.

Los jóvenes mexicanos se habían preparado para la gran cita durante un año y varios meses, y esa minuciosidad quedó patente en la solidez que exhibieron desde el principio en todas sus líneas, con los excepcionales delanteros Carlos Fierro y Marco Bueno como líderes. En la primera fase, El Tri dominó su grupo con autoridad, doblegando en su estreno a la RDP de Corea tras darle la vuelta a un gol tempranero, y luego venciendo tanto al Congo como a la campeona de Europa, Holanda.

En fase eliminatoria Panamá, Francia y Alemania fueron las víctimas del poderío del conjunto mexicano todos estos encuentros con alta intensidad. Pero dentro de estos hubo un encuentro que destacó encima de todos los que habían sucedido en el certamen y fue nada más y nada menos que la Semifinal vivida en el TSM Corona donde México se enfrentó a su similar de Alemania, México realizó algo increíble.

El Estadio Torreón fue testigo de algo insólito; pudo ver cómo mexicanos y alemanes se batieron en un verdadero duelo a muerte en el que hubo de todo, en noventa minutos la afición y el equipo, pasó del llanto a la sangre para que, al final poder cantar victoriosos el pase a la gran Final del Mundial Sub-17.

En una Semifinal le pegó a Alemania, una de las grandes favoritas para llevarse el triunfo. Aquel día, México hizo lo impensable con goles fuera de serie.

Con un gol olímpico y otro de chilena, México fulminó al equipo más poderoso de la Copa. El marcador fue de 3 a 2 y los goles fueron firmados por Julio Gómez en un par de ocasiones y Jorge Espericueta, mientras que por el conjunto europeo las anotaciones cayeron por cuenta de Samed Yesil y Emre Can. La imagen de Julio Gómez cubierto en sangre pero envuelto en orgullo quedará por siempre en la gente que pudo presenciar algo que pocas veces sucede. Vale la pena mencionar que es la primera vez que en este estadio se logran marcar tanto un gol olímpico como una de chilena.

El partido comenzó intenso tanto en la cancha como en la tribuna, mientras ambos equipos peleaban con todo por la posesión del balón, el público hacía su parte apoyando a México y presionando a los teutones.

La suerte apareció para el conjunto mexicano cuando al minuto tres el inicio del encuentro Julio Gómez recibió un centro de Jorge Caballero, remató colocado justo al rincón de la portería defendida por Vlachodimos, quien midió mal la trayectoria del balón y quedó como un espectador más mientras dramáticamente se escurrió la pelota. Pero la respuesta de los teutones llegó de inmediato a través del goleador Samed Yesil, que en maniobra individual disparó raso al costado derecho del portero Richard Sánchez quien, a pesar de su estirada, no alcanzó a llegar por lo que se decretó el empate al minuto 9.

Foto por: sopitas.com

Los teutones tenían las de ganar física y mentalmente donde tenían a la defensa Mexicana constantemente asediada por los delanteros germanos que prácticamente bombardearon en la zona de peligro.

Para el complemento las cosas cambiaron donde el momento fue de México pero no se logró encontrar el gol, y esto trajo consecuencias a minuto ’59, con una jugada de contragolpe en la que el Capitán Emre Can fue dejando verdes en el camino hasta encarar al portero y superarlo con un puntapié, Alemania se fue arriba gracias a la contundencia que no tuvo México.

Y al minuto 75 con México contra las cuerdas el milagro en el Estadio Torreón ocurrió. Jorge Espericueta logró lo que nunca antes se había hecho en la casa del Santos al cobrar un tiro de esquina cerrado, techó a todos y le pelota se metió sin que nadie la tocara. ¡Gol olímpico!, México empató el partido de la manera más inesperada.

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Pero no todo fue color rosa pues en el gol que empataba la serie, el jugador mexicano Julio Gómez sufrió un aparatoso choque con un teutón y tuvo que salir en camilla y ser vendado por el golpe que sufrió en la cabeza pero aún así eso no lo detuvo.

Regresó al campo donde marcó el de la diferencia con otra obra maestra de quien se convirtió en el ídolo espontáneamente: en tiro de esquina Julio Gómez remató de “chilenita” e incrustó la pelota en el ángulo inferior izquierdo para marcar el tercero, la obra se estaba consolidando ante la mirada incrédula de los alemanes.

Foto por: espn.com

El canto en la tribuna fue de triunfo, ¡oe oe oe! Se escuchó por todo el estadio que se conmovió de felicidad por ver a su equipo ganar una fragorosa batalla y por ser testigos de l historia escribiéndose en un instante.

Omar Ponce pitó el final y estalló el júbilo de las 30 mil almas más los jugadores que se unieron en un solo anhelo, el de ser campeones.

“No había poder humano que nos dejara perder esa Final después de lo que vivimos en Semifinales, no había forma. La afición que estuvo en ese encuentro se sintió tan afortunada como nosotros.

“Van a pasar los años y la gente se seguirá recordando. Son de esos juegos que quedarán para siempre”, cuenta con alegría Carlos Guzmán, ahora jugador de Necaxa.

En la final del 10 de julio, se esperaba que Uruguay se erigiese en el escollo más peligroso en lo que iba de campeonato, dado que los chicos de Fabián Coito preferían un planteamiento conservador y enfocado al contragolpe en vez del fútbol más bien abierto que suele verse en esta categoría de edad. Y la Celeste no defraudó, ofreciendo una seria resistencia y rematando dos veces a la madera; pero fue México el que hizo dar saltos de alegría a sus aficionados y conquistó su segundo título mundial sub-17 en apenas seis años.

Con esto México cumplió el sueño y se coronó en el Mundial de la especialidad por segunda ocasión, luego de derrotar a Uruguay 2-0.

Los 11 héroes elegidos para ese día saltar a la cancha y hacer historia fueron:

Richard Sánchez, Francisco Flores, Carlos Guzmán, Antonio Briseño, Jorge Caballero, Kevin Escamilla, Jorge Espericueta, Arturo González, José Tostado, Carlos Fierro y Marco Bueno.

Durante los primeros 20 no hubo jugadas claras de gol para ninguna de las escuadras, pero en el 26 los charrúas comenzaron a apretar al equipo tricolor, tras un tiro de larga distancia de Elbio Álvarez que pasó desviado de la portería de Richard Sánchez.

El Tri respondió al 28, cuando el goleador del conjunto, Carlos Fierro estuvo frente al arco de Jonathan Cubero, pero no definió con claridad tras un remate machucado.

México continuó apretando y una jugada colectiva lo puso delante en el marcador. Marco Bueno tomó el balón en media cancha y sirvió para Fierro, quien abrió espacios y dejó habilitado a Briseño, que brincó para impactar la pelota frente a la portería uruguaya.

Foto por: récord.com

El segundo tiempo fue muy parejo, y Uruguay tuvo un par de oportunidades de empatar, sin embargo, la defensa mexicana supo desenvolverse para alejar el peligro del área.

En el minuto 85 Giovani Casillas sustituyó a Fierro. Al minuto 91, Arturo González conducía y abrió a la izquierda a Casillas, quien enfiló y metió tiro raso cruzado para anotar el segundo tanto.

Julio Gómez, el jugador conocido como La Momia, fue distinguido como Sub-17 al ganar el Balón de Oro, mientras que el de plata fue para Jorge Espericueta y el de bronce correspondió a Carlos Fierro, de acuerdo a las votaciones de los especialistas.

De acuerdo con la Secretaría de Seguridad Pública de la capital mexicana, al menos 4,500 personas se congregaron para bailar, saltar y cantar cerca de este monumento, bajo una incesante lluvia, que no frenó su júbilo por la victoria.

Ese día nuestros Niños Héroes trajeron felicidad al pueblo mexicano al ganar la máxima disputa al nivel sub 17 y coronarse como boda veces campeón de esta categoría ganando su segunda medalla en 6 años, pero lo que la hizo especial fue ganarla en territorio mexicano, imponiéndose en un escenario como El Coloso de Santa Ursula con más de 90,000 mexicanos gritando y alentando sin parar, sin duda ese día y semana México no durmió y al mismo tono de voz hoy 9 años después veneramos a nuestros Niños Héroes que nos dieron la gloria representando a nuestro país, para dejarnos un recuerdo que siempre vivirá y cuando sea recordado siempre pensaremos ¡Viva México!