En un día como hoy, pero de hace dos años, y que era jueves… Entonces no sé porqué empecé con esa frase, porque no fue un día como hoy.
El día de hoy viene al recuerdo de muchos futboleros el inicio de la Copa Mundial de Futbol celebrada en Rusia en el año 2018. Desde mi humilde punto de vista y a mis 22 años, personalmente considero que ha sido la copa del mundo menos entretenida de las últimas cuatro.
Tras superar en las votaciones a Portugal/España y a Bélgica/Holanda como los otros principales países a convertirse en sedes, se llevó a cabo esta competición por primera vez en Europa Occidental y en dos continentes (por condiciones geográficas que todos conocemos): Europa-Asia.
A esta justa llegaban como principales candidatos el vigente campeón Alemania, con una base similar a aquella que se coronó en 2014, España, a pesar de la controversia de Julen Lopetegui y su posterior despido antes de siquiera disputar un partido mundialista, Brasil, que últimamente, por lo menos en lo referido a mundiales, es considerada favorita pese a sus constantes tropiezos -aunque hay que apuntar que esta vez, venía de completar una eliminatoria increíble- y la juvenilmente experimentada Francia, comandada una vez más por un Antoine Griezmann que venía de un doloroso fracaso en la todavía última Eurocopa. Quizá en segundo lugar para considerar en los pronósticos, se nombraba a las siempre peligrosas, por los dos grandes futbolistas con los que cuentan, Argentina y Portugal. Pero, debido a diferentes circunstancias (por el lado de los albicelestes, una eliminatoria superada con muchas dudas y por el de los lusos una base de jugadores que parecían limitados a competir contra las grandes escuadras, línea por línea, de los principales candidatos).
Así comenzaba Rusia 2018, con comentarios de los aficionados asistentes tan contrastados con la “fiesta brasileña” que fue el otrora último mundial. “En Rusia no se permite esto, no se permite lo otro”. Y sí, la organización brilló por su eficiencia y efectividad, cosa que quizá en Brasil quedó en entredicho.
Con un avasallante 5-0 de los anfitriones sobre Arabia Saudita en el partido inaugural, las ilusiones rusas crecieron entorno a la figura de la selección, aunque pocos apostaron por el alcance que tendrían en la competencia.
Con partidos que variaron en emociones en la fase de grupos, como el estupendo Portugal contra España, la gran sorpresa e ilusión (que muchos califican como ridícula ahora, pero la verdad es que dio indicios de algo histórico en su momento) que representó la victoria de México 1-0 sobre Alemania y que cimbró al país y al mundo, el tambaleo en la clasificación por parte de Argentina después de ser goleado por Croacia, la presencia de selecciones que nos hicieron empatizar a todos con su causa como Perú y Panamá, a pesar de sus limitaciones futbolísticas y la falta de probidad de japoneses y polacos en los últimos minutos de su respectivo enfrentamiento, entre otros emocionantes momentos.
El estreno del Video Assistant Referee (VAR) en copas mundiales significaba, al menos en primera instancia, una justa novedad que llegó a corregir el curso que, en sin esta herramienta, habría sido diferente. Por citar momentos trascendentales, la validación del gol de Iago Aspas en el España 2-2 Marruecos para clasificar a la Roja, el penalti no pitado a favor de Senegal en su derrota 0-1 frente a Colombia, etc. Una adición a las reglas del partido que, bien llevada, está para quedarse.
En la fase de eliminación, como en casi todos los torneos coperos, comenzó “lo bueno”. Aquí poco importa con cuántos puntos calificaste, cómo jugaste, etc. Es otro torneo. Y al ser a un solo duelo, se intensifica. No como la liguilla de la Liga MX.
Con partidos electrizantes y que pusieron de cabeza a ambas aficiones enfrentadas en los octavos de final, Francia lograba superar 4-3 a una Argentina que se plantó férrea ante los, ahora, con la eliminación de Alemania y las dudas dejadas por Brasil, principales favoritos. Un partido que sacó lo mejor de cada futbolista en la cancha. La sorpresa en tanda de penales que significó la eliminación de España por parte de Rusia, aquí cabe anotar que se veía venir, España no estaba para algo importante en esta justa, al final, le terminó pasando una cara factura la controversia pre-mundialista y la voltereta espectacular, con unos minutos tan intensos, por parte del Bélgica sobre Japón por 3-2 tras ir perdiendo 0-2.
Llegaban los cuartos de final y, quizá quepa apuntarlo aunque se notará la subjetividad del autor, vivimos la etapa de eliminación quizá menos emocionante. Francia dejaba a Uruguay en el camino tras un partido accidentado y peleado, como suelen ser los que involucran a los charrúas, Bélgica eliminaba a Brasil de la mano de un arrasador Kevin de Bruyne, Inglaterra doblegaba a una Suecia que hasta aquí le alcanzó y Croacia, como fue su tónica en todas las etapas antes de la final, sufría y avanzaba, aquí, se empezaba a visualizar al “caballo negro” de la copa.
Es en este momento cuando volteamos a ver a los semifinalistas y nos percatamos que, con un 50% de probabilidades, se estrenaría campeón del mundo o se coronaría por segunda vez una selección.
Francia elimina a Bélgica tras un muy disputado encuentro que nulificó las capacidades de muchos de los futbolistas por la fuerte competencia del rival y su mismo nivel, mientras que Croacia hacía añicos las ilusiones del “It’s coming home” de los ingleses gracias a los mismos errores británicos.
La verdad es que, desde su partido contra Argentina, a Francia se le notó pocos menos que complicado o comprometido su pase a la siguiente ronda. Incluso en esta final, donde el último paso era alcanzar la gloria. A pesar de que Ivan Perisic logró igualar el marcador después de una estupenda jugada, la calidad de talla mundial de jugadores como Kylian Mbappé, posteriormente nombrado mejor jugador joven del torneo, Paul Pogba, Antoine Griezmann y N’Golo Kanté, y cada jugador de la plantilla francesa, terminó siendo imparable para los combativos croatas, que, a pesar de las caras largas por haber perdido el partido más importante de sus vidas, lograron algo histórico.
Así terminaba esta justa, un mes después, con los franceses dominando (futbolísticamente) el mundo. Una copa que dejó un sabor bastante grato, como casi todas las justas mundialistas lo terminan haciendo.
Como una última aportación personal, siempre hay que recordar aquella frase que elucubran los grandes filósofos de este deporte y los comentaristas deportivos cabales: “el mundial es un torneo para todos pero siempre lo ganan los mismos”. Difícilmente, en esta copa, encontraremos una sorpresa en cuanto a la coronación.
“Un saludito a Calito Vela wey, te amo”.
