La historia del fútbol moderno no puede ser contada sin una de las gestas más memorables que sorprendió a propios y extraños en la temporada 2015-2016. En una época llena de jeques, transferencias millonarias y clubes armados a billetazos, el mundo del deporte se rindió ante aquel humilde equipo que, a inicio de temporada, las casas de apuestas pagaban 5000 a 1 por un campeonato. Así es, estamos hablando del Leicester City de Claudio Ranieri, que consiguió hacerse con una de las ligas más competitivas del mundo: la Premier League.

Debemos remontarnos al verano de 2015, antes de que diera inicio la temporada, cuando Claudio Ranieri fue presentado como el nuevo director técnico del club, reemplazando a Nigel Pearson. Ranieri llegaba a los Foxes sin haber conseguido levantar un título de primera división durante sus casi 30 años de entrenador, por lo que su llegada al equipo no ilusionaba a la fanaticada, además de que en la temporada previa, finalizaron en el lugar 14 luego de ser uno de los equipos recién ascendidos de la temporada 2014-2015.

Es verdad que Ranieri le dio una nueva cara al equipo, volviendolo competitivo y capaz de pelearle al tú por tú a los gigantes de Inglaterra, aquellos equipos que habían dominado la Premier alternándose los títulos temporada tras temporada desde 1992: Manchester United, Manchester City, Chelsea y Arsenal (a excepción del Blackburn Rovers en 1995). Sin embargo, Ranieri no llegó sólo esa temporada, pues nombres como Christian Fuchs, Shinji Okazaki y N’Golo Kanté reforzaron al modesto Leicester, que resultaron ser jugadores fundamentales para la obtención del título.

Además de los refuerzos, en la plantilla ya se encontraban jugadores como Jamie Vardy, el hombre gol que hizo gritar a la hinchada en 22 ocasiones durante la temporada. O Riyad Mahrez, quien además de convertir en 16 ocasiones, se encargó de poner 11 pelotas de gol a sus compañeros. Y qué decir de la zaga, donde hombres como Wes Morgan y Robert Huth apuntalaron la defensa para hacer del Leicester un equipo sólido en todas las líneas del campo. Por si fuera poco, bajo palos contaban con el hijo de una leyenda como Peter Schmeichel, quien resultó ser una garantía y pieza clave en la obtención del título: Kasper Schmeichel.

Para hacer todavía más grande la hazaña, tomemos en cuenta que el XI titular que saltaba a defender el King Power Stadium, conformado por Schmeichel, Simpson, Morgan, Huth, Fuchs, Drinkwater, Kanté, Mahrez, Albrighton, Vardy y Okazaki, tenía un valor combinado de US $70 millones, mientras que las plantillas grandes de Inglaterra estaban valoradas por encima de los 450 millones de dólares. Es decir, el valor era considerablemente inferior al resto de sus oponentes, lo que le agregó un plus al campeonato conseguido por los Foxes.

Leicester City se coronó con 81 puntos, con un saldo de 23 partidos ganados, 12 empates y solo 3 derrotas, aunque el título llegó faltando dos jornadas por culminar el campeonato inglés, ya que consiguió obtener una ventaja de 7 puntos sobre su más cercano perseguidor, el Tottenham Hotspur, tras el agónico empate que los Spurs tuvieron ante el Chelsea. Fue así como, teniendo 77 puntos, Leicester se convertía en el campeón de Inglaterra, tras 132 años de existencia del club y además, obteniendo un boleto por primera vez en su historia para la UEFA Champions League.

Más allá de la gesta heroica de los Foxes, fuera de la cancha se podía percibir el apoyo que «el equipo pequeño» recibía por los fanáticos del fútbol alrededor del mundo, ilusionados con el juego mágico que desplegaba cada fin de semana en las canchas de Inglaterra. Casas de apuestas tuvieron que pagar grandes cantidades de dinero a aquellos atrevidos que por diversas circunstancias se habían atrevido a apostar por el Leicester, y las camisetas comenzaron a agotarse por la fiebre que despertó el sorprendente campeón de Inglaterra. Sin lugar a dudas, esta es una de las historias más maravillosas que nos ha regalado el deporte en la última década, demostrándonos que tanto en el deporte como en la vida, no existen imposibles.