Por Humberto Coria

Hay una gran diferencia entre jugar bien y tener una estrella de clase internacional que en un abrir y cerrar de ojos te pueda resolver un encuentro. Hoy, quedó demostrado una vez más. Hacía un poco de tiempo que no lo veía.

Durante 89 minutos, André Pierre Gignac disparó a la portería de Alfredo Saldívar en cero ocasiones. Fue hasta ese minuto, que un centro de Luis Rodríguez le bastó para anticipar a la defensa auriazul y meter un testarazo que le dio 3 puntos a su equipo, y que se convirtió en historia consolidándolo como el máximo anotador de la historia del equipo de Monterrey. Ahora sí Tomás, tu argumento de la semana pasada ha quedado obsoleto.

El primer tiempo del partido estuvo dominado en su mayoría por el conjunto de Míchel, que a pesar de la derrota sigue demostrando que Pumas está para cosas mejores que torneos pasados. Carlos González perdonó en un par de ocasiones y las aproximaciones de Barrera y Malcorra también fallaron en el último toque. Este fue el máximo error universitario durante el partido. La presión alta y la búsqueda del error en la salida del cuadro de Ferretti fue la tónica durante los primeros 45 minutos y, caso contrario a lo ocurrido en San Luis, Pumas no pudo concretar una sola acción de las varias que produjeron.

El segundo tiempo careció de espectáculo y se concentró más en las fallas arbitrales de Peñalosa, árbitro central el día de hoy, que ya había fallado en el primer tiempo. Pumas se quedó sin un jugador cuando el central mostró la segunda amarilla al colombiano Jeison Angulo, que a diferencia de otros partidos hoy se mostró bastante nervioso e impreciso. Decisión muy rigorista, más si consideramos cómo juzgó una entrada del chileno Eduardo Vargas en el primer tiempo. Por cierto, el buen uso del VAR parece no estar entre las habilidades de Peñalosa.

Gignac se encontró un inmejorable servicio de su compañero Luis Rodríguez al minuto 89 y bastó con eso para llevarse los 3 puntos. Tigres generó muy poco y deja la misma nota de casi siempre, con un plantel plagado de talento, su estilo deja mucho que desear. Ni hablar, funciona, y eso es más valioso que el espectáculo, para algunos.